El Juego del Mallo
El Juego del Mallo, derivado del jeu de crosse —antepasado del golf y del croquet, muy popular en la vieja Francia—, también era conocido como pallemail en inglés (del latín pila y malleus). Felipe V, aficionado a la práctica de este juego en los Reales Sitios, ordenó construirlo antes de 1724, cuando ya había creado otro en el Buen Retiro de Madrid. Para lograr la adecuada nivelación se levantó una plataforma artificial que estaba rodeada por una valla de madera pintada de verde.
El juego consistía en impulsar una pelota con un mazo de madera (maill) por una avenida, entonces de terrizo, hasta hacerla pasar por una portería metálica de hierro fundido en forma de U invertida (archet), con el menor número de golpes. El punto de partida era la pierre carré, y la avenida estaba flanqueada por ais: paredes de tablones de pino pintados de verde, de unos 4 pies de altura (aproximadamente 130 centímetros). El rasgo más singular de este juego era el tambour: quiebro marcado por un codo de sillería granítica con señales numeradas, situado casi en la mitad del trazado de 530 metros.
En la restauración de este elemento se eliminó el arbolado existente, se niveló la pista y se plantó césped, aunque originalmente el pavimento era terrizo.