Las Ocho Calles y sus fuentes
El rond-point de chasse, una rotonda con avenidas radiales, era un elemento característico de los bosques de caza franceses y constituía el eje del parque cinegético de las Ocho Calles. Tras el derribo de la tapia de la Medianería en 1725, cuando el parque se incorporó al jardín y fue adornándose con fuentes, la glorieta central se convirtió en un magnífico mirador desde el que contemplar el teatro hidráulico de sus 16 fuentes, las 8 en esta plaza y las 8 que se divisan al fondo de las avenidas. La composición, evocadora de algunos trazados de Versalles, se organiza en torno a la escultura de Psiquis llevada al Olimpo por Mercurio, imagen llena de simbolismo espiritual. Este triunfo es contemplado por Saturno, Neptuno, Minerva, Hércules, Ceres, Marte, Cibeles y La Victoria desde sus respectivas fuentes, todas ellas obras en plomo de René Frémin.
Formadas por grandes arcos de plomo pintado que imitan mármol blanco con detalles dorados y las figuras “bronceadas” en tono rojizo, estas fuentes lucen los anagramas de Felipe V e Isabel de Farnesio. De tipología piramidal, desarrollan dos tipos de juegos de agua con un total de 60 surtidores, todos ellos alimentados desde la Fuente del Canastillo.
Desde esta rotonda se observan las alineaciones arbóreas que estructuran esta zona del jardín. Originalmente estaban formadas por olmos, plantados a una distancia aproximada de 16 pies para crear paseos sombreados. En otras partes del jardín se utilizaban tilos, más adecuados para las podas regulares.
Las enfermedades que afectaron a los olmos provocaron su sustitución por castaños de Indias. En la actualidad, estos también han mostrado vulnerabilidad a plagas —como la Cameraria— y a las condiciones ambientales asociadas al cambio climático.
Por ello, las restauraciones recientes incorporan arces mejor adaptados a la península, como Acer platanoides y Acer pseudoplatanus. Así mismo, los avances en genética forestal permiten la reintroducción de olmos resistentes a la grafiosis, la enfermedad que causó su desaparición casi total.
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Iconografía
Sin duda es uno de los conjuntos más importantes del jardín desde el punto de vista mitológico y simbólico. En el centro se halla una estatua que representa el mito de Psique. Según la mitología, Psique era una mortal de gran hermosura de la cual quedó prendido Cupido, hijo de Venus, diosa del amor. Esta, envidiosa de la belleza de la joven, se negó a consentir el matrimonio con su hijo a menos que Psique realizase cuatro tareas imposibles para cualquier mortal. Pero Psique consiguió completarlas gracias a la ayuda de los dioses, tras lo cual Júpiter accedió al deseo de Cupido de casarse con Psique, enviando a Mercurio para que condujese a la muchacha al Olimpo. Dentro del repertorio iconográfico de La Granja, que oscila entre la exaltación militar y la piedad religiosa de Felipe V, el ascenso de Psique a los cielos gracias al amor sirve de metáfora para representar la salvación del alma regia a través del amor a Dios, considerada como la virtud suprema.
Alrededor del grupo central se encuentran repartidas ocho fuentes que albergan sendas estatuas de divinidades, las cuales conforman un programa iconográfico exaltando las virtudes del reinado de Felipe V. Las diferentes divinidades se dividen en dos grupos: aquellas relacionadas con la guerra, y las que representan la paz. Empezando por el primer grupo, este se compone de cuatro figuras: Minerva, diosa de la guerra justa y de las sabiduría, está rodeada de representa el fomento de las ciencias. Marte, dios de la guerra y la violencia, aparece sentado y vestido con su armadura, simbolizando el descanso del rey guerrero que da paso a la paz, de cuyos triunfos da noticia la Victoria, representada como una mujer alada portando una corona de laurel en la mano. Por último está Hércules, tocado con su maza y la piel del león de Nemea, símbolo de la ayuda desinteresada y figura con la que los reyes de España se consideraban emparentados.
En cuanto al segundo grupo, vemos en primer lugar a Saturno, dios del tiempo, que figurado como un anciano alado con un reloj de arena en la mano, representa el paso del tiempo y la melancolía, pero también el buen gobierno. Cibeles, esposa de Saturno y madre de los dioses olímpicos, representa la tierra y la fertilidad, y es alegoría de la paz; aparece acompañada de leones y cuernos de la abundancia. Neptuno, reconocible por los atributos marinos que le rodean, aparece en la misma posición que en la Carrera de Caballos; representa el comercio marítimo, recuperado con la llegada de la paz. Finalmente encontramos a Ceres, diosa de la agricultura, que alude a la prosperidad agrícola y al fomento de la economía.
En definitiva, las Ocho calles conforman todo un discurso que alude a la doble faceta del reinado de Felipe V. Por un lado es un rey guerrero, gracias a cuyas victorias ha conseguido asegurar la paz del reino, durante la cual se ha dedicado al fomento de las artes, el impulso del comercio y la revitalización de la economía.
Modelo constructivo
Los arcos de las Ocho Calles están enteramente realizados en plomo. Las piezas se sustentan sobre una estructura de hierro forjado, al igual que en otras fuentes. Todo el plomo estaba pintado, en este caso de color blanco imitando mármol, con los adornos dorados. Esta combinación cromática emparenta estas composiciones con los empanelados de madera franceses -boiseries- de la Regencia y de Luis XV. Frémin ya había realizado en Versalles unos templetes que tienen cierto parentesco con éstos, y que estaban dedicados a cobijar los grupos de Apolo y los caballos del Sol, de Girardon, y han desaparecido. En las esculturas se aprecian dos tipos de imitación a bronce, una más rojizo, y otra más dorado. La rojiza es la que gustaba más a Felipe V, y la que impuso en la práctica totalidad de las fuentes de La Granja, como consta detalladamente en la documentación, incluso con muestras gráficas para explicitar a los mercaderes franceses cuál era el matiz exacto que debían remitir. Esa opción por el bronce con pátina rojiza, muy personal de Felipe V, resultaba un tanto arcaica en la década de 1740, y los proveedores intentaron convencer al rey de cambiarla, sin éxito. El nieto de Luis XIV quería seguir en esto su propio gusto, derivado de ciertos ejemplos de la época de su abuelo y de ciertas esculturas italianas. El empleo de un matiz más dorado en algunas de las esculturas de las Ocho calles es una interpretación introducida en la restauración del año 2000. Que las figuras estaban “bronceadas” -es decir, rojizas- en época de Felipe V, y los arcos en blanco y dorado tal como aparecen en el cuadro de Brambilla, no ofrece dudas.
Adivinanzas
2ª Adivinanza
Alta y redonda me puedes mirar,
como una copa gigante en mitad del lugar.
En mi conjunto de mármol podrás ver,
cuatro tritones alzando su ser.
Sostienen conchas sobre sus cabezas,
en un pedestal de gran nobleza.
En el borde superior, sin dejar de girar,
cuatro tritoncillos el agua van a derramar,
y en lo más alto, coronando el lugar,
la figura central nos vuelve a mirar.
No soy taza de mesa ni taza de té,
aunque en mi nombre lo puedas leer.
¿Te rindes?
Fuente de las Tazas
Antes Fernando Brambilla, Vista de las fuentes de las Ocho Calles, h. 1821. Patrimonio Nacional.
Después Vista de las fuentes de las Ocho Calles. 2026. Patrimonio Nacional.