Jardín de las Islas Asiática y Americana
Este sector del Jardín del Príncipe, situado al norte del malecón y junto al río Tajo, fue conocido en el siglo XIX como las Islas Americanas y Asiáticas. En este ámbito se concentró buena parte de las especies exóticas introducidas por Carlos IV, mencionadas ya en descripciones del siglo XVIII, que otorgaron a la riqueza botánica un protagonismo superior al del propio trazado del jardín.
El carácter experimental del Jardín del Príncipe, presente desde el reinado de Felipe II y reforzado con la orientación ilustrada y productiva impulsada por Carlos III, se manifiesta especialmente en este entorno. Aquí confluyeron la investigación botánica, la aclimatación de especies y una avanzada formación agronómica y forestal, comparable a la de los grandes jardines científicos europeos del siglo XVIII, como Kew Gardens.
Al sur del denominado Séptimo jardín, por mandato de Carlos IV, se creó una Ría de trazado sinuoso, animada por pequeñas islas, que reforzaba el carácter paisajista y simbólico del conjunto. En su entorno se dispusieron especies procedentes del continente americano, circunstancia que dio nombre a esta zona del jardín. Esta Ría constituye, además, una representación alegórica de la confluencia de los ríos Tajo y Jarama, integrando agua, botánica y paisaje en un espacio concebido tanto para el disfrute estético como para la experimentación científica.
El Jardín de las Islas Asiática y Americana resume así uno de los valores esenciales de Aranjuez: la fusión entre naturaleza, ciencia y poder, donde la introducción de especies lejanas y su adaptación al entorno peninsular convierten al Real Sitio de Aranjuez en un referente botánico de alcance europeo.
Felipe II
Nació en Valladolid el 21 de mayo de 1527. Hijo primogénito de Carlos I de España y V de Alemania y de Isabel de Portugal, subió al trono tras abdicar su padre en 1554. Durante su reinado estableció el sistema de Reales Sitios, dispuestos a modo de residencias estacionales de descanso y recreo alrededor de Madrid, elegida como capital del reino en 1561. Así, fomentó el desarrollo de nuevos Reales Sitios, como Valsaín, El Pardo o Aranjuez. En este último, Felipe II ideó una regia villa campestre, rodeada de huertas y jardines, en donde disfrutar de la naturaleza y del frescor del lugar. En 1561, Juan Bautista de Toledo comenzó con la traza del Jardín de la Isla, y tres años después dieron comienzo las obras del palacio, iniciadas en el cuadrante suroccidental. Al morir Juan Bautista de Toledo en 1567, Juan de Herrera se hizo cargo de las obras hasta 1580 cuando, finalizada la sección sur del palacio, se paralizaron por completo hasta el siglo XVIII. Felipe II murió el 13 de septiembre de 1598.
Carlos IV
Nació en Portici (Italia) el 11 de noviembre de 1748. Séptimo de los trece hijos de Carlos III y de María Amalia de Sajonia, durante su etapa como heredero al trono, el Príncipe Carlos llevó una vida rutinaria y relativamente sencilla. Gran amante de las artes y de la música fue un ávido coleccionista de relojes, cuadros, escultura y todo tipo de muebles, destinados a decorar alguno de los palacetes de recreo o Casitas que construyó. Desde 1772 y hasta el final de su reinado, Carlos IV fomentó la construcción en Aranjuez del Jardín del Príncipe, un jardín de recreo dotado de fuentes, pabellones y un palacete, la Casa del Labrador. Construida por Villanueva entre 1791 y 1803 en dos fases, su lujosa decoración interior supone el máximo exponente del neoclasicismo español. También intervino en el Palacio principal, con el traslado de los jarrones de Fremin y Thierry desde La Granja hasta el Jardín del Parterre en 1794. Tras su abdicación en 1808, Carlos IV se exilió a Italia, falleciendo en Nápoles el 19 de enero de 1819, mientras se encontraba visitando a su hermano Fernando, Rey de las Dos Sicilias.
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Este sector del séptimo jardín, situado al norte del malecón, entre él y el Tajo, era conocido en el XIX como las islas americanas y asiáticas; "diversos senderos estrechos y tortuosos las cruzan en distintas direcciones, los que conducen a una casa rústica, infinidad de árboles importados de aquellos hemisferios les dan sombra y embalsaman el ambiente, al paso que sus artificiales colinas y riachuelos, engalanados constantemente de silvestres arbustos, formando una red con sus caprichosos puentes, nos pone de manifiesto en este preciso recinto lo que seria una escursión a la Nueva Granada".
En esta zona debieron concentrarse, por tanto, la mayor parte de las especies exóticas traídas por Carlos IV, a las que aluden las descripciones del XVIII, constituyendo la riqueza botánica el elemento de mayor valor del jardín, por encima de su trazado. Toda esta zona del jardín debía estar ya realizada en 1794, pues en julio de ese año presentó Brili la cuenta de la obra interior de estuco hecha en la casa del ermitaño.