Isla del Ermitaño y Compuertas
En una de las islas generadas por el trazado de la Ría artificial del Jardín del Príncipe, Carlos IV mandó construir una pequeña edificación conocida como la Casa o Isla del Ermitaño. Se trataba de un capricho propio de los jardines paisajistas de finales del siglo XVIII, en los que la figura del ermitaño y las construcciones de apariencia humilde evocaban la vida retirada y la contemplación de la naturaleza. La choza presentaba un aspecto exterior deliberadamente rústico, en contraste con el refinamiento de su interior, organizado en dos estancias pavimentadas con mosaicos de inspiración romana.
Este juego de contrastes entre sencillez exterior y riqueza interior responde a un lenguaje paisajístico y simbólico ampliamente difundido en la jardinería europea del momento. El pavimento, realizado con materiales procedentes de ruinas romanas de Sepúlveda, reforzaba el carácter evocador y arqueológico del conjunto, integrando referencias al pasado clásico dentro de un escenario natural cuidadosamente construido.
Un pequeño puente, alineado con la casa, facilitaba el acceso y subrayaba el protagonismo del agua como elemento articulador del espacio. Del mismo modo, las compuertas de madera que regulan actualmente el caudal de agua de la Ría, ornamentan y permiten el desarrollo de la técnica del sistema de riego tradicional mediante canales.
La edificación resultó dañada durante la invasión francesa de comienzos del siglo XIX y había desaparecido ya en el reinado de Isabel II. No obstante, su aspecto quedó documentado en una pintura realizada hacia 1830 por Fernando Brambilla, que constituye un valioso testimonio de este singular episodio del jardín.
Más allá de su función ornamental, la Isla del Ermitaño destaca por su cuidada composición paisajística y por la carga alegórica asociada a la gestión del agua. Este enclave resume así el espíritu del Jardín del Príncipe como espacio de experimentación estética, simbólica y técnica, donde naturaleza y artificio se integran en un discurso paisajístico complejo y refinado.
Carlos IV
Nació en Portici (Italia) el 11 de noviembre de 1748. Séptimo de los trece hijos de Carlos III y de María Amalia de Sajonia, durante su etapa como heredero al trono, el Príncipe Carlos llevó una vida rutinaria y relativamente sencilla. Gran amante de las artes y de la música fue un ávido coleccionista de relojes, cuadros, escultura y todo tipo de muebles, destinados a decorar alguno de los palacetes de recreo o Casitas que construyó. Desde 1772 y hasta el final de su reinado, Carlos IV fomentó la construcción en Aranjuez del Jardín del Príncipe, un jardín de recreo dotado de fuentes, pabellones y un palacete, la Casa del Labrador. Construida por Villanueva entre 1791 y 1803 en dos fases, su lujosa decoración interior supone el máximo exponente del neoclasicismo español. También intervino en el Palacio principal, con el traslado de los jarrones de Fremin y Thierry desde La Granja hasta el Jardín del Parterre en 1794. Tras su abdicación en 1808, Carlos IV se exilió a Italia, falleciendo en Nápoles el 19 de enero de 1819, mientras se encontraba visitando a su hermano Fernando, Rey de las Dos Sicilias.
Isabel II
Hija primogénita de Fernando VII y de su cuarta esposa, María Cristina de Borbón Dos Sicilias, nació el 10 de octubre de 1830. Con apenas tres años se convirtió en Reina de España tras el fallecimiento de Fernando VII el 29 de septiembre de 1833. Durante su minoría de edad, actuaron como regentes, primero su madre, la reina María Cristina, y después el general Baldomero Espartero.
El reinado personal de Isabel II se caracterizó por la inestabilidad política, pero también por el progreso económico y la modernización del país, ejemplificados en la expansión del telégrafo y del ferrocarril por toda España. En 1851 se inauguró la línea Madrid – Aranjuez, la segunda de su tipo en España, facilitando la comunicación con el Real Sitio. Durante su reinado, Isabel II mantuvo la jornada de primavera en Aranjuez, en donde llevó a cabo diversos proyectos para embellecer el palacio y sus alrededores, incluido el malogrado proyecto de Parque de Miraflores, iniciado en 1848 y abandonado dos años después por su desorbitado coste. Destronada a raíz de la Revolución de septiembre de 1868, Isabel II se exilió en París, donde falleció el 9 de abril de 1904.
Brambilla, Fernando
Nació en Fara di Gedda d’Adda, en 1763. Hijo de Francisco Brambila y de Antonia Ferrari, desde muy joven se dedicó a la pintura, oficio que desempeñaba en Milán cuando se incorporó a la expedición de Alejandro Malaspina a fines de marzo de 1791. La misión fue la de pintar las de vistas de los puertos más importantes visitados por la expedición (Manila, Macao, Sidney, Lima, Buenos Aires, Montevideo, etc.). Tras el final de la misma en 1794, se afincó en la Corte, donde ejecutó diversos trabajos pictóricos. En 1821 se le encargó la realización de una serie de vistas de los Reales Sitios, tarea que le ocupó hasta su muerte. Para ello, el italiano se trasladó a vivir a cada uno de los lugares que debía pintar. Como fruto de su trabajo, en 1832 puso a la venta la Colección de vistas de los Sitios Reales, con un precio de cincuenta reales el cuaderno de cuatro estampas. Compuesta por 88 estampas, todas firmadas por Brambilla excepto una, se hicieron dos tiradas, una en blanco y negro y otra en colores. Falleció el 23 de enero de 1834.
Más información
Isla del Ermitaño
Situado en el séptimo distrito del Jardín del Príncipe, la isla del Ermitaño fue diseñada por Pablo Boutelou a finales del siglo XVIII. Se trataba de una casita construida a modo de choza como divertimento rústico, hecha de madera de álamo blanco y con espacio para la vivienda del ermitaño que en ella viviría. A la isla se accedía por un puente formado con ramas, cerca del cual había un pequeño huerto para el cultivo del ermitaño. La casa, pintada por Brambilla en la década de 1820, desapareció durante el reinado de Isabel II.
Fernando Brambilla - Vista de la Casa del Ermitaño en el Jardín del Príncipe.
La sección séptima del jardín del Príncipe se denominaba "las islas americanas y asiáticas" debido a su riqueza vegetal en especies exóticas y constituía uno de los más interesantes de todo el trazado dirigido por Pablo Boutelou. Sus ornatos paisajistas incluían "la unión de los dos ríos Tajo y Jarama, que representan dos estatuas... Del peñasco salen las aguas con abundancia, corren por el jardín formando un río, que vuelve a uno y otro lado a imitación del torcido curso del Tajo. A alguna distancia se forma una isla, en que hay una casita en figura de choza, que se llama del Ermitaño, fabricada con trozos de madera de álamo blanco, como de un pie de largo, sin labrar, acomodados unos sobre otros guardando simetría. En lo interior tiene dos cuartitos para habitación de un solitario, adornados de estuques, pintura y dorado con mucho primor. Sus pavimentos son romanos, que se hallaron en Sepúlveda, aunque en parte son imitados. Delante de esta casa se ve un puente formado con ramas de arbustos verdes, y un poquito de huerto, para que trabaje y le cultive el ermitaño." Los veinticinco años transcurridos desde esta descripción parecen haber supuesto ciertas alteraciones en el exterior de la casa, semejante a las arquitecturas levantadas con el mismo ánimo en el Retiro madrileño por Isidro Velázquez, y rematada por una cruz como le corresponde. Esta reedificación debía estar recién concluida, pues Aleas comentaba en 1824 que esta arruinada . La pequeña huerta ha sido sustituida por un emparrado, cuya viña sube por el enorme plátano. También el puente rústico ha sido sustituido por uno llano, de madera pintada de verde, como otro que se divisa al fondo, detrás de una pequeña cascada amenizada por una agrupación de rocas rústicas.
Adivinanzas
3ª Adivinanza
Arriba en la colina, sin paredes ni puerta,
siéntate y mira lejos: la vista es muy cierta.
Bajo mi tejado se oye al viento cantar,
y desde lo alto todo el jardín contemplar.
No soy árbol ni torre, aunque me veas elevar,
si miras hacia arriba… ¿qué podrás encontrar?
Solución:
¿Te rindes?
Gazebo o templete en la MONTAÑA ARTIFICIAL