Fuente de Ceres
La escultura original encargada por Carlos IV a Joaquín Dumandre para esta fuente del Jardín del Príncipe, fue destruida durante la invasión napoleónica. La actual es una réplica de 1828, realizada probablemente por Esteban de Ágreda. En el siglo XX, fue trasladada temporalmente al Parterre.
Carlos IV
Nació en Portici (Italia) el 11 de noviembre de 1748. Séptimo de los trece hijos de Carlos III y de María Amalia de Sajonia, durante su etapa como heredero al trono, el Príncipe Carlos llevó una vida rutinaria y relativamente sencilla. Gran amante de las artes y de la música fue un ávido coleccionista de relojes, cuadros, escultura y todo tipo de muebles, destinados a decorar alguno de los palacetes de recreo o Casitas que construyó. Desde 1772 y hasta el final de su reinado, Carlos IV fomentó la construcción en Aranjuez del Jardín del Príncipe, un jardín de recreo dotado de fuentes, pabellones y un palacete, la Casa del Labrador. Construida por Villanueva entre 1791 y 1803 en dos fases, su lujosa decoración interior supone el máximo exponente del neoclasicismo español. También intervino en el Palacio principal, con el traslado de los jarrones de Fremin y Thierry desde La Granja hasta el Jardín del Parterre en 1794. Tras su abdicación en 1808, Carlos IV se exilió a Italia, falleciendo en Nápoles el 19 de enero de 1819, mientras se encontraba visitando a su hermano Fernando, Rey de las Dos Sicilias.
Dumandre, Joaquín
Hijo del también escultor Hubert Dumandre, trabajó bajo las órdenes de su padre en el Real Sitio de La Granja. Posteriormente pasó a Aranjuez, en donde esculpió distintas fuentes para el Jardín del Príncipe. Destacan la Fuente del Narciso (PN10012581), ejecutada entre 1775 y 1800; la Fuente del Cisne o de las Cabezas (PN10012582); o la de Ceres (PN10012553), realizada en 1802 y situada originalmente en el Jardín del Príncipe hasta su traslado al Jardín del Parterre a principios del siglo XX.
Más información
Ubicada en el “cuarto jardín”, éste presenta en su centro una plaza oval, donde una alineación también ovalada de árboles rodea una fuente. En el estanque ovalado se situaba la figura central de Ceres sentada, sosteniendo en la mano derecha la antorcha encendida símbolo de la renovación. A sus pies, dos amorcillos con un cuerno de frutos y un haz de trigo, atributos propios de su culto. A ambos lados, dos grupos formados por tres amorcillos abrazados a canastillos de flores, de los que brotaban varios surtidores.
La fuente primitiva de plomo fundido, obra de Joaquín Dumandre, ya fue descrita por Juan Álvarez de Quindós en 1804. Sin embargo, resultó destruida durante la Guerra de la Independencia y reconstruida en tiempos de Fernando VII por Esteban de Ágreda hacia 1828.
La restauración estuvo dirigida por el arquitecto real Isidro González Velázquez, quien realizó posteriormente, en 1837, una acuarela en la que representó la fuente policromada, imitando mármol blanco, y aún provista de sus juegos de agua originales.
Hacia 1900, las esculturas fueron trasladadas al Jardín del Parterre, de donde han sido retiradas durante la última restauración de este jardín, llevada a cabo en 2026. La última imagen histórica que las muestra en su emplazamiento original es una fotografía de Jean Laurent realizada hacia 1875.
Mitología
Ceres era la diosa romana de la agricultura, los cereales, la fertilidad de la tierra y el crecimiento vegetal. Señora de los campos cubiertos de espigas, conocida como la diosa de la hermosa cabellera y de la hoz de oro, símbolos de abundancia y fecundidad.
Ceres encarnaba la prosperidad agrícola, la fertilidad del suelo y el sustento de la humanidad, valores fundamentales en la cultura romana. Asimismo, representaba el ciclo eterno de la naturaleza: la siembra, el crecimiento y la cosecha, de los que dependían la vida y la continuidad de la comunidad.