Chinescos
En torno al estanque de los peces, conocido como “Chinesco”, se agrupan los principales elementos ornamentales del Sexto jardín, creado por Pablo Boutelou, donde se perciben con claridad las características del estilo paisajista anglo-chino.
Inspirándose en los jardines ingleses del siglo XVIII y en el modelo francés del Petit Trianon de Versalles, Carlos IV mandó crear en Aranjuez este entorno paisajístico donde los elementos se organizan siguiendo formas irregulares inspiradas en la naturaleza.
Alrededor del lago se agruparon varios elementos de distinta inspiración: dos de carácter clásico —el Obelisco y el Templete Jónico—, uno exótico —el Quiosco Chino— y otro de aspecto rústico, constituido por un peñasco artificial que forma una pequeña isla. En su interior se abre una gruta de la que mana el agua que alimenta el estanque, integrando de forma simbólica arquitectura, naturaleza y gestión hidráulica. En la actualidad, Patrimonio Nacional mantiene una colección de ánades reales y vela por la conservación y el control sanitario de la fauna introducida a finales del siglo XX, tales como ardillas y pavos reales.
Carlos IV
Nació en Portici (Italia) el 11 de noviembre de 1748. Séptimo de los trece hijos de Carlos III y de María Amalia de Sajonia, durante su etapa como heredero al trono, el Príncipe Carlos llevó una vida rutinaria y relativamente sencilla. Gran amante de las artes y de la música fue un ávido coleccionista de relojes, cuadros, escultura y todo tipo de muebles, destinados a decorar alguno de los palacetes de recreo o Casitas que construyó. Desde 1772 y hasta el final de su reinado, Carlos IV fomentó la construcción en Aranjuez del Jardín del Príncipe, un jardín de recreo dotado de fuentes, pabellones y un palacete, la Casa del Labrador. Construida por Villanueva entre 1791 y 1803 en dos fases, su lujosa decoración interior supone el máximo exponente del neoclasicismo español. También intervino en el Palacio principal, con el traslado de los jarrones de Fremin y Thierry desde La Granja hasta el Jardín del Parterre en 1794. Tras su abdicación en 1808, Carlos IV se exilió a Italia, falleciendo en Nápoles el 19 de enero de 1819, mientras se encontraba visitando a su hermano Fernando, Rey de las Dos Sicilias.
Brambilla, Fernando
Nació en Fara di Gedda d’Adda, en 1763. Hijo de Francisco Brambila y de Antonia Ferrari, desde muy joven se dedicó a la pintura, oficio que desempeñaba en Milán cuando se incorporó a la expedición de Alejandro Malaspina a fines de marzo de 1791. La misión fue la de pintar las de vistas de los puertos más importantes visitados por la expedición (Manila, Macao, Sidney, Lima, Buenos Aires, Montevideo, etc.). Tras el final de la misma en 1794, se afincó en la Corte, donde ejecutó diversos trabajos pictóricos. En 1821 se le encargó la realización de una serie de vistas de los Reales Sitios, tarea que le ocupó hasta su muerte. Para ello, el italiano se trasladó a vivir a cada uno de los lugares que debía pintar. Como fruto de su trabajo, en 1832 puso a la venta la Colección de vistas de los Sitios Reales, con un precio de cincuenta reales el cuaderno de cuatro estampas. Compuesta por 88 estampas, todas firmadas por Brambilla excepto una, se hicieron dos tiradas, una en blanco y negro y otra en colores. Falleció el 23 de enero de 1834.
Más información
El estanque denominado de los peces o chinesco está en el sexto Jardín, cuya ordenación paisajística no está claro si es de Boutelou o de Villanueva, que, sin embargo, es el autor de los elementos arquitectónicos que le sirven de ornato. A este respecto es reveladora la descripción y reparto de la responsabilidad que Ponz hizo cuando la obra estaba ya avanzada.
"En un espacioso recinto por donde se le había dado al jardín casi doblada extensión; se ha formado un estanque, del cual se eleva un cenador chinesco, en cuyas labores delicadas se ve imitado el estilo de aquella nación; pero con otras perfecciones, sin desviarse en lo sustancial de dicho estilo. Un templecito por el gusto griego de figura circular, con la decoración de diez columnas de un precioso mármol de mezcla de Sicilia, que se condujeron de San Ildefonso, y todavía está por concluir; un escollo a imitación de los naturales, con caprichosos manantiales de agua, y para encima un Apolo ejecutado en mármol, traído igualmente de San Ildefonso, buena escultura, pero no antigua; estaba entre las muchas que lo son y se guardan en el cuarto bajo de aquel Palacio. Se ha hecho una barca muy graciosa para el estanque, también por el estilo chinesco a modo del pabellón referido en sus ornatos. La dirección general y disposición de todo lo referido ha estado a cargo de don Juan de Villanueva, quien siguiendo puntualmente las ideas de Su Majestad ha concurrido con la pericia de su profesión a que tengan cumplido efecto, habiendo hecho lo mismo el benemérito don Pablo Boutelou en la parte de jardinería y plantación puesta a su cuidado, esmerándose todos en complacer al más benigno de los soberanos en estos objetos de amenidad y gusto".
Sabemos que en 1789 1791 se trabajaba activamente en la traída de esculturas desde San Ildefonso y en el montaje de la infraestructura con destino a las fuentes, acabadas en 1797. Respecto a los templetes clásico y exótico del estanque del chinesco carecemos de datos documentales salvo que en 1793 pintaba Juan Duque el "templete del chinesco", lo cual nos facilita una fecha ante quem por otra parte inútil porque sabemos que ya en 1791 estaba hecho el templete chino y estaba muy avanzado el monóptero. A la vez se construyó el "barco chinesco" para navegar en el estanque, un bote en forma de góndola lleno de adornos orientales a juego con el pabellón. Esta barca desapareció con la invasión francesa, que también arruinó el templete, pero el conjunto puede apreciarse en los cuadros de la colgadura bordada en la Casa del Labrador. Bajo Fernando VII Isidro González Velázquez diseñó y levantó un nuevo templete sobre la misma planta, pero muy diferente en alzado, al que acaba de devolverse su color original según ha podido interpretarse a partir del lienzo de Brambilla.
La descripción más completa del estanque del chinesco, entonces recién terminado, es la que nos ofrece
V. Álvarez de Quindós en 1804: "Delante de la misma figura, y entre las dos calles que salen a la fuente de Apolo y la tercera puerta, circundada de árboles extraños y quarteles de flores, se halla una gran laguna en que hay peces de varios colores, encarnados, dorados, blancos y matizados. La entra el agua por un peñasco o gruta que en una isleta tiene el principio, donde se admira la propiedad con que esta imitado el natural en la posici6n de las piedras, que no parece ha intervenido el arte. Detrás de la misma gruta, sobre otro peñasco, se eleva un obelisco de piedra berroqueña, que imita en su color el granito oriental avellana, el qual se sostiene sobre quatro galápagos de bronce, puesto encima de un pedestal o basamento de la misma piedra. Desde la gruta e isla pasa un puente a flor del agua para comunicarse con un bellísimo pabellón chinesco que sirve de entrada. Su figura es ochavada con cuatro puertas, e igual número de ventanas en sus paramentos. Tiene dos cuerpos, y remata cerrada en forma de capitel o espadaña, sobre el cual se eleva una aguja con cinco cofas en disminución, adornadas con colgantes y festones graciosos, y una gran bola dorada por remate que pasa la aguja. Los paramentos son de grecas chinescas caladas de dibujos diferentes, de modo que de fuera se goza lo interior y en Ias cornisas colgantes de otras grecas con campanillas de metal, puestas en forma que las pueda con facilidad mover el aire. Delante, y un trecho separado, está la entrada en todo correspondiente con mucha cantidad de campanillas en el arquitrabe y frontis. El espacio que circunda el cenador esta empradizado, y cercado con antepecho bajo. Todo es de madera bellamente labrada, y pintada de blanco, encarnado y filetes dorados. El pavimento en jaspes primorosamente dispuestos, y en el medio una mesa de la misma materia. Los ángulos se adornan con tiestos de china y hermosas flores. En la misma laguna anda una falúa, también chinesca, en figura de dragón de dos cabezas.
Al lado opuesto de este pabellón, y dentro de las mismas aguas, se eleva un templete de gusto griego, de la especie de los que llaman monópteros, perfectamente ejecutado, con diez columnas de mármol verde oscuro y vetas blancas, los capiteles y basas de mármol blanco y orden jónico, y los arquitrabes y pedestales de piedras de San Pablo en los montes de Toledo y Consuegra. Remata con una cúpula pintada al óleo por lo anterior, y encima un dragón vacío en Dlomo, y dorado. En los interculumnios por orden del Rey se colocaron ocho estatuas de mármol negro, que llaman viggio, y labradas para estar arrimadas o en nichos: ellas representan falsas deidades o ídolos de los antiguos egipcios- son obras de su tiempo, de mucha singularidad y aprecio, las cuales correspondieron al gabinete de la Reina Cristina de Suecia, que a principios del último siglo murio en Roma. Se entra a este objeto de gusto arquitectónico por un puente llano de piedra."
La representación gráfica más cercana a esta descripción es la colgadura bordada de la pieza que hoy es sala de billar en la Casa del Labrador. En ella es bien visible el "escollo a imitación de los naturales, con caprichosos manantiales de agua", en palabras de Ponz, descrito por Quindós, por donde se alimentaba el estanque. Este elemento que nunca llegó a coronarse con la estatua de Apolo, destinado a la fuente más importante del jardín, debió resultar dañado durante la invasión, pues en el lienzo de Brambilla ya no mana el agua de esta "gruta".
En 1868 Cándido López y Malta hace nueva una cumplida descripción, añadiendo noticia de los cambios y desperfectos sufridos por los dos pabellones. El dragón que coronaba el monóptero ya había desaparecido, pero se conservaba el remate del templete chinesco, de modo que el aspecto entonces ofrecido por este rincón del jardín continuaba siendo muy parecido al que había reflejado Brambilla en su conocida vista de 1832, aunque con algunas variaciones en lo que al pabellón chinesco se refiere debido a la restauración que había sufrido en 1844. Se mantenía asimismo la "flexible baranda de caña formando grecas" en torno al estanque.
Antes Pintura del estanque de los peces del Jardín del Príncipe con un templete chinesco y una rotonda.
Después Estanque de Chinescos, 2026. Patrimonio Nacional