Santiago Rusiñol, Jardín de Aranjuez. Glorieta II, 1901. Museo Reina Sofía. 1 / 2
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Cenador de Rusiñol

Vegetación

Los Jardines de Aranjuez conservaron su prestigio a lo largo de los siglos XIX y XX, convirtiéndose en fuente de inspiración para poetas, escritores y artistas vinculados a las generaciones del 98 y del 27. Entre ellos destaca el pintor Santiago Rusiñol, uno de los grandes paisajistas del primer tercio del siglo XX, que dedicó numerosas obras a este Real Sitio. En sus lienzos representó tanto espacios históricos consolidados, como el Jardín de la Isla, y también otros ámbitos de creación más reciente.

El llamado Cenador de Rusiñol es uno de estos ejemplos. Se trata de una bóveda de cipreses creada hacia 1900, pocos años antes de que el pintor lo eligiera como motivo pictórico. Su interés radica precisamente en esta circunstancia: no forma parte del trazado histórico del jardín dieciochesco promovido en época de Carlos IV, sino que constituye una incorporación tardía al paisaje del Real Sitio, reflejo de nuevas sensibilidades estéticas y del gusto por los espacios íntimos y evocadores propios del cambio de siglo.

La elección de este Cenador por parte de Santiago Rusiñol contribuyó decisivamente a su valoración artística y simbólica, al integrarlo en una mirada moderna sobre los jardines históricos, en la que naturaleza, memoria y emoción adquieren un papel protagonista. A finales del siglo XX, Patrimonio Nacional acometió la restauración del Cenador, dado que el existente carecía de una estructura adecuada de sujeción y presentaba un estado fitosanitario muy deteriorado. La intervención permitió recuperar este espacio singular, hoy asociado de forma inseparable a la figura del pintor y a la proyección cultural contemporánea de los Jardines de Aranjuez.