Puentes de la Isleta y de la Ría
El recorrido ceremonial de la familia real y su comitiva entre Madrid y Aranjuez atravesaba las Huertas de Picotajo y el Jardín de la Isla, salvando el río Tajo y la Ría artificial mediante dos puentes: el del Tajo o de la Isleta y el de la Ría. Ambos pasos fueron unificados durante los reinados de Felipe V y Fernando VI. El puente de la Ría, levantado en tiempos de Fernando VI, se construyó en ladrillo, mientras que el que conectaba la Isleta con las Huertas de Picotajo era de madera y fue destruido por una gran riada en el siglo XIX.
Felipe V
Nació en Versalles el 19 de diciembre de 1683. Nieto de Luis XIV y de la infanta María Teresa de España, hija mayor de Felipe IV, ascendió al trono español tras la muerte de Carlos II, quien le designó como su sucesor en su último testamento del 3 de octubre de 1700. Su reinado se desarrolló en dos etapas, desde noviembre de 1700 hasta enero de 1724, y desde septiembre del mismo año hasta su muerte, el 9 de julio de 1746.
En 1715 ordenó a Pedro Caro Idrogo la conclusión del palacio de Aranjuez, cuyas obras llevaban paralizadas desde tiempos de Felipe II. Idrogo duplicó el cuerpo del viejo palacio, levantando las crujías este y norte entre 1715 y 1732; posteriormente, Santiago Bonavia finalizó el cuerpo principal, construyendo el cuadrante noroccidental en 1744. Asimismo, se realizaron intervenciones en el Jardín de la Isla y se construyó el Jardín del Parterre situado en la fachada este del palacio, diseñado por Etienne Marchand y ejecutado entre 1727 y 1735, el cual aunaba la forma del parterre a la francesa y la tradición española del jardín cerrado.
Fernando VI
Nacido el 23 de septiembre de 1713, fue el cuarto y último hijo de Felipe V y de María Luisa Gabriela de Saboya. Tras su ascenso al trono en 1746, Fernando VI se rodeó de ministros capaces como José de Carvajal o el marqués de la Ensenada, y puso en marcha una gran actividad reformadora en el interior mientras que en el exterior mantuvo la “neutralidad armada”. Casado con la princesa lusa Bárbara de Braganza, la muerte de esta en 1758 supuso un duro golpe para el monarca, que se recluyó en el castillo de Villaviciosa de Odón, donde murió el 19 de agosto de 1759.
Durante su reinado, el Real Sitio de Aranjuez vivió una etapa de esplendor, con la celebración de fastuosos festejos organizados por Farinelli, así como de intensa actividad constructiva. Tras el incendio de 1748, Fernando VI ordenó a Bonavía la reconstrucción y finalización del palacio, quien además realizó las primeras obras urbanísticas en el Real Sitio en 1749. Fruto de estas fue la construcción de la Plaza de San Antonio, eje articulador entre el palacio y el pueblo, construida entre 1750 y 1753.
Más información
Puente de la Ría
(Imagen 1- Fernado Brambilla)
Tras la construcción de los muros de la Isleta, en 1748 se decidió levantar un puente de madera de la Isla a Picotajo "en el mismo paraje que antiguamente le hubo" y otro sobre la ría, de modo que sirviera exclusivamente para pasar los Reyes y su comitiva desde el Palacio, por la calle de Madrid atravesando el jardín hacia Picotajo. En función de este uso "reservado" los puentes y portadas habían de tener bastante empaque arquitectónico: los proyectos de Bonavía ideados en 1748 quedaron suspensos hasta 1750, cuando se decidió realizar las portadas, más lujosas de lo pensado en un principio "atendiendo al frecuente uso que hace de ellos la Reina", según la traza de Ventura Rodríguez. Se conserva de Rodríguez un proyecto para estas portadas que no es el efectuado definitivamente; el llevado a cabo es más sencillo pero muy elegante.
Fernando Brambilla - Vista del Puente colgado con parte el Jardín de la Isla
(Imagen 2- Fernando Brambilla)
Este puente, salvando la corriente del río, unía las huertas de Picotajo con el jardín. Al menos desde el siglo XVI hubo en este punto puentes de madera, reedificados en varias ocasiones; el representado por Brambilla era obra de Isidro González Velázquez que debió levantarlo después de 1824, puesto que Aleas no menciona sino el anterior como destruido, y antes de 1830, fecha la más tardía posible en que sería pintado este cuadro donde, por tanto, se refleja una obra recién terminada, pero muy frágil, pues del mismo arquitecto volvió a repararlo pocos años después, en 1836, y se arruinó una década más tarde. Este puente y el otro que, en la misma recta, salva la ría, estaban destinados sólo al uso de las personas reales, y por ello quedaban cerrados mediante sendas portadas gemelas construidas en 1751 según diseño de Ventura Rodríguez. En la Isleta se conserva la del puente chico, mientras que la representada aquí fue desmontada en 1870 con el fin de instalarla en la plaza de las Parejas donde hubiera servido de ingreso a un nuevo jardín público, pero no llegó a erigirse y sus elementos se dispersaron. Junto a ella huelgan dos coraceros, mientras un guardia real está de servicio apostado en el puente, hacia la Isla. Brambilla muestra que durante la jornada esta pasarela también servía para que los paseantes anduvieran de la Isla a las Huertas de Picotajo. Su calada barandilla de madera era muy característica de Isidro González Velázquez, y recuerda en particular a las celosías del templete chinesco en el estanque de los peces.