Jardín del Rey y formaciones vegetales
RECORRIDO 1
Situado ante la fachada meridional del Palacio, es un ejemplo modelo de giardini segreti que combina la herencia mudéjar con influencias renacentistas italianas. Formó parte del proyecto original del Real Sitio, trazado por Juan Bautista de Toledo, y se ejecutó entre 1577 y 1582. Durante el reinado de Felipe IV adquirió un destacado significado político-dinástico, al adornarlo con destacadas esculturas de Leoni, sustituidas por copias en 1984.
Sus setos de boj, Buxus sempervirens, mantienen el trazado histórico del siglo XVI que fue restaurado por Patrimonio Nacional en 1984, y son objeto de programas de conservación basados en el control biológico.
Felipe II
Nació en Valladolid el 21 de mayo de 1527. Hijo primogénito de Carlos I de España y V de Alemania y de Isabel de Portugal, subió al trono tras abdicar su padre en 1554. Durante su reinado estableció el sistema de Reales Sitios, dispuestos a modo de residencias estacionales de descanso y recreo alrededor de Madrid, elegida como capital del reino en 1561. Así, fomentó el desarrollo de nuevos Reales Sitios, como Valsaín, El Pardo o Aranjuez. En este último, Felipe II ideó una regia villa campestre, rodeada de huertas y jardines, en donde disfrutar de la naturaleza y del frescor del lugar. En 1561, Juan Bautista de Toledo comenzó con la traza del Jardín de la Isla, y tres años después dieron comienzo las obras del palacio, iniciadas en el cuadrante suroccidental. Al morir Juan Bautista de Toledo en 1567, Juan de Herrera se hizo cargo de las obras hasta 1580 cuando, finalizada la sección sur del palacio, se paralizaron por completo hasta el siglo XVIII. Felipe II murió el 13 de septiembre de 1598.
Toledo, Juan Bautista de
Nació hacia 1515. La figura de este arquitecto es fundamental para comprender la formalización de la arquitectura áulica de Felipe II y, por tanto, la de gran parte del siglo XVII, habiendo de remitirnos al magnífico estudio de Javier Rivera sobre su personalidad. De nacimiento al parecer madrileño, trabajó en 1546‑1548 como ayudante de Miguel Ángel en la fábrica de San Pedro del Vaticano. Sirvió en Nápoles al virrey don Pedro de Toledo desde octubre de 1548 hasta que en 1559 Felipe II lo llamó a España como arquitecto real, "nuestro arquitecto". Entre sus primeros trabajos estuvo la construcción del Real Sitio y los jardines de Aranjuez, cuyas obras comenzaron en 1564. El 10 de agosto de 1563 recibió oficialmente el título de maestro mayor de la fábrica del Monasterio de San Lorenzo el Real, y una semana después el de maestro mayor interino del Alcázar de Madrid. Sus problemas personales y el exceso de trabajo perjudicaron su actividad, hasta que murió en Madrid el 19 de mayo de 1567.
Leoni, Pompeo
Nacido en Milán en 1531, fue un activo colaborador de su padre, el también escultor Leone Leoni. Vino a España en 1556 para trabar en una serie de retratos imperiales, que terminó en 1564. A partir de 1570, ya nombrado escultor de corte, realizó algunos de sus trabajos más destacados, como la estatua funeraria de doña Juana de Austria en las Descalzas Reales (1574). Su obra maestra, los grupos escultóricos de Carlos I y Felipe II en El Escorial, fueron realizados en conjunto con el italiano Jacopo Nizzolo da Trezzo y con el famoso orfebre Juan de Arfe. Falleció en Madrid en octubre de 1608.
Al igual que su padre, Pompeo encarnó la figura del escultor cortesano, llegando a adquirir un notable protagonismo diplomático y cultural. Su obra constituyó el más importante foco escultórico de la Europa del siglo XVI.
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EL JARDÍN DEL REY
El jardín del Rey es un ejemplo modelo del "jardín cerrado" adornado con estatuas, síntesis de la herencia mudéjar y de las influencias renacentistas italianas, tan usual en los Palacios Reales españoles de los Austrias, desde el Alcázar de Madrid hasta el Buen Retiro. El Palacio proyectado por J. B. de Toledo se organizaba en torno a un patio cuadrado, pero tras el desarrollo de su fachada, es decir, tras el cuerpo de poniente, más ancho, se solapaban dos jardines cerrados, uno al norte -"de la Reina"- y otro al sur -"del Rey"- que, junto a otro semejante a lo largo de la fachada oriental, uniéndoles, habían de formar un conjunto de giardini segreti en torno a la residencia regia, de modo prácticamente igual al de los que en El Escorial rodean la Casa del Rey.
Durante el reinado de Felipe II solamente llegó a hacerse la mitad sur del Palacio, es decir el cuarto del Rey, y por tanto sus correspondientes jardines: la mitad del situado a oriente y el de mediodía, cuyo extremo oriental se mantuvo separado del de oriente por medio de una pared unitaria con las demás hasta que en 1733 se derribó incorporando el jardín al nuevo parterre que entonces se construía. A partir de ese momento el jardín del Rey se considera parte o más bien rincón, de un espacio que en realidad nace siglo y medio después, pero para comprenderlo es preciso hacer abstracción de esa realidad, actual desde hace más de dos siglos, y volver a la primitiva clausura de este ámbito. Para complementar esa visión me remito a la ficha del parterre, tratada por consiguiente con mayor amplitud. Como jardín cerrado, el del Rey tuvo dos imágenes sucesivas y bien diferenciadas: la original, de Felipe II, y la consolidada, de Felipe IV, que ha sido restaurada en 1985‑1987.
EL JARDÍN DE FELIPE II
El jardín de Felipe II, concebido por J. B. de Toledo, fue llevado a cabo por Juan de Herrera a partir de 1577, cuando se acabó el cuarto nuevo y se decidió no continuar la obra, cerrar la pared del jardín y coronarla con antepecho de piedra, situar las fuentes y los cuadros según la traza de Herrera y solar los caminos de ladrillo. En 1580 el italiano Roque Solario había concluido la fuente de jaspe verde, tasada en el mismo año por Jacome Trezzo, Pompeyo Leoni, Juan Bautista Comane y Nicolás Bonanome, y cuya belleza no consistía en la decoración escultórica, inexistente, sino en el primor de su labra, llegando a calificarla de "maravillosa" Gómez de Mora en su informe de 1626. Se colocó en 1582, fecha en que puede darse por terminado el jardín de Felipe II, cuya estructura se diferenciaba de la de Felipe IV en el ladrillo empleado para formar los caminos y en las nueve pequeñas habitaciones pensadas para gozar del jardín desde un sitio fresco y retirado y situadas en el testero que mira a oriente. Estas mínimas grotte -o, en el término español de la época, retretes-, cuyas entradas armonizaban con las hornacinas grandes para bancos dispuestas en las otras dos paredes, aparecen según su disposición original en el proyecto de Gómez de Mora de 1636 y en su copia con variantes de 1728, siendo ambos planos trasuntos de la planta original del siglo XVI perdida en el incendio del Alcázar de Madrid. Las paredes interiores de estas "grutas" no recibieron ninguna decoración fantástica manierista, sino un sobrio pero cuidadoso enlucido imitando ladrillo. Así, el jardín podía ser disfrutado en la planta baja bien desde estos frescos ámbitos cerrados, pero ajenos a la casa, bien desde la galería meridional, inicialmente abierta y convertida en habitaciones en el siglo XVIII, y también desde la planta alta, puesto "que lo goza el Rey desde sus ventanas" y la terraza o paseadero construido a partir de 1582 sobre la galería que une el Palacio con la Casa de Oficios está pensado para dominar con la vista tanto el jardín como la Plaza de las Parejas, destinada a espectáculos.
EL JARDÍN DE FELIPE IV
Felipe IV dio a este jardín un carácter distinto mediante la sustitución de parte de las grotte por hornacinas y la colocación de un conjunto de esculturas que lo dotan de un significado político-dinástico, a la vez que variaba su textura al hacer empedrar sus caminos con losas de piedra de Colmenar y cuadros de guijos formando dibujos. En julio de 1622 el joven Monarca ordenó un masivo envío de estatuas del Alcázar a Aranjuez que fueron distribuidas entre el Palacio y el jardín por el gobernador Francisco de Brizuela. La colocación de una de las series de bustos de los doce césares en las hornacinas -al igual que en el jardín de los Emperadores del Alcázar madrileño, también bajo las ventanas del Rey en la fachada del mediodía- daba lugar no sólo a un paralelo político, sino a una glorificación dinástica, pues en la hornacina central del testero que mira a oriente se colocó una estatua en mármol del abuelo -y modelo- del soberano reinante, flanqueado por el Emperador, su padre, y por su madre: Felipe II, Carlos V y la Emperatriz Isabel.
Por consiguiente, en 1623 se transformó la pequeña grotta del centro en una hornacina, y se tapiaron las dos inmediatas a los lados para colocar los medallones del Emperador Carlos y de su mujer. Por simetría se cerraron también las entradas a los "retretes" intermedios, quedando condenados desde fuera los de planta cuadrada simple y practicables las puertas de los que tienen su interior adornado con nichos. Sin embargo, se puede entrar a todos, puesto que están comunicados entre sí por pasos, según refleja fielmente el plano de Caro Idrogo de 1728, donde, sin embargo, no aparece la habitación que esta al extremo sur de esta enfilada de grutas y que originalmente no estaba abierta al exterior sino cerrada por un muro macizo, roto en el XVIII para colocar la hornacina.
A esta intervención de 1623, en la que puede suponerse que colaborarían J. B. Crescenzi, Juan Gómez de Mora y quizá Diego Velázquez, se deben con toda seguridad la sustitución de los primitivos caminos de tierra por el empedrado de guijo y piedra de Colmenar citado por todas las fuentes posteriores hasta 1868, oculto por una capa de tierra en 1872 y ahora rescatado.
En cuanto a las esculturas, las dos medallas de Carlos V y la Emperatriz se conservan en el Museo del Prado desde 1868, y la serie original de los Emperadores romanos fue trastocada en el siglo XVIII entre el derribo de la pared de cerramiento hacia el parterre y el traslado de bustos a la Casa del Labrador. Estas ausencias y lagunas impiden la correcta lectura iconológica del jardín. La estatua de Felipe II, en mármol y de bulto redondo, se ha conservado hasta 1986 en su colocación seicentista. Es obra indiscutible, aunque muy maltratada, de Pompeo Leoni, firmada en 1568, pero siguiendo probablemente un modelo de su padre Leone Leoni, quien en una de sus cartas a Ferrante Gonzaga habla de una "bella estatua de mármol de Carrara, representando a Su Majestad el Rey" que se transportaba de Milán a Bruselas. Esta obra es mencionada por Vasari y lógicamente ha de ser identificada con la descrita en los inventarios de 1582 y 1608. Eugene Plon la dio por desaparecida -y en consecuencia es ignorada por la crítica internacional moderna- porque Ceán Bermúdez se olvidó de mencionarla en sus noticias sobre los dos Leoni. Sin embargo, seguramente la conocía porque la mencionaba Ponz, quien no obstante la suponía obra de Pompeyo representando a Carlos V. Álvarez de Quindos en 1804 corrigió el error sobre la identificación del retratado y observó que estaba firmado por Leoni en el pedestal y que pocos años antes se había restaurado[1].
DEL SIGLO XVIII A NUESTROS DÍAS
Al continuar la construcción del Palacio en 1715 hubo de plantearse el tratamiento de su entorno. En 1721‑1722 el Gobernador Samaniego decidió por su cuenta terminar el esquema de jardines cerrados según el plan de Toledo y Herrera "emprendiendo la formación de un jardín que rodee toda la nueva obra, a continuación de los que tiene la antigua". Sin embargo, cinco años más tarde la decisión de llevar a cabo el parterre o "jardín nuevo de Palacio" llevó consigo, primero, la desaparición del jardín cerrado a lo largo de la fachada oriental del Palacio, y a continuación el derribo de la pared que cerraba el jardín del Rey por ese costado, adornada con "cinco nichos grandes y seis chicos". Esta demolición fue llevada a cabo por Bachelieu en octubre de 1733 "sin que se haya seguido el más leve perjuicio a dicho jardín", salvo el muy sustancial de dejar de ser un giardino segreto cerrado. La consiguiente pérdida del sentido original del jardín del Rey se vio agravada cuando Fernando VI ordenó a Bonavia construir la gran tribuna hacia la Plaza de las Parejas, sobre la terraza encima de l[2]a galería que va del Palacio a la Casa de Oficios. Este monumental palco regio para los festejos, que convertía al jardín en una especie de patio y privaba de vistas a la fachada sur del Palacio fue mandada derribar por Carlos III en 1760, volviendo el conjunto a su estado previo. Durante un siglo el fuerte carácter del jardín hizo que perdurasen sus características, pero en 1872 la reforma del parterre, donde hubo que terraplenar para facilitar el nuevo trazado y el crecimiento de las coníferas, afectó también a este espacio manierista, cuyos caminos empedrados quedaron ocultos por una capa de tierra. En la primera década del XX se realizó un trazado "gemelo" al otro lado del Palacio, en el lugar de "jardín de la Reina", que nunca había pasado de explanada. Poco después se añadió a ambos jardines un toque de uniformidad -pero no de rigor- al colocar en sus respectivos centros sendas fuentes de planta mixtilínea y aspecto dieciochesco en piedra de Colmenar, de tal modo que fueron juzgadas auténticas por Winthuysen. La fuente original del jardín del Rey resultó entonces desplazada, y luego almacenada. El proyecto de restauración crítica por Lucía Serredi, con el asesoramiento de Carmen Añón, originado en 1983 y que comenzó a ser llevado a cabo en 1985, supuso la restauración y reposición de la fuente "de jaspe verde" y el rescate cuidadoso de todos los restos del empedrado seicentista, cuyas faltas se repusieron diferenciando cuidadosamente lo nuevo de lo antiguo y sentando el guijo sobre arena. Este último rasgo, de extrema rigurosidad crítica, impide que el jardín sea pisado por el público. En cuanto a las plantaciones, los dibujos de boj de Lucía Serredi siguen trazados quinientistas -no los originales, que se desconocen- en lugar de las formas complicadas que aparecen en los planos del XVIII. La introducción de frutales sigue la información ofrecida por los documentos del XVI. El cerramiento hacia el parterre mediante una verja baja ha sido diseñado por Juan Hernández y Margarita Mielgo.
"Otra estatua de mármol blanco del mismo Rey don Felipe nuestro señor del tamaño de la antes de ésta, armado con manto, bastón y alfanje como la de arriba y en la mano izquierda tiene una corona y arrimado a la pierna izquierda un león del mismo mármol puesto sobre peana del mismo jaspe y sobre su peana de madera número ciento, tasada en cincuenta ducados." La estatua inventariada "antes de ésta" y mencionada como término de comparación es la de Felipe II en bronce, hoy existente en El Prado. El inventario de 1623 hecho para el envío de las estatuas a Aranjuez repite exactamente la ordenación y términos de los dos citados, salvo la tasación, que es más alta: quinientos ducados.
PLON, Eugene: Les maitres italiens au service de la Maison de Utriche. Leone Leoni sculpteur de Charles V et Pompeo Leoni sculpteur de Philippe II. París, Libraire Plon, 1887, pp 280 y 288. ALVAREZ DE QUINDOS, J. A.: ob. cit. Ed 1982, pp. 280-281: "...habiéndose bajado para componer, y unir los muchos pedazos en que estaba dividida por el abandono con que se mira todo lo bueno". No he encontrado noticia documental de esta restauración, que sería llevada a cabo por el escultor del Sitio, Martínez Reina, o por alguno de los de la Casa Real que en tiempo de Carlos IV trabajaron en Aranjuez, como Joaquín Dumandre, Hermenegildo Silici o Juan Adán. ↑
Antes Vista aérea de 1961 del jardín del Parterre con sus parterres geométricos.
Después Vuelo fotogramétrico de la Comunidad de Madrid, 2003. Comunidad de Madrid