Jardín de la Isleta
Fue encargado por Felipe V al ingeniero Étienne Marchand en 1728. Hasta entonces, la Isla finalizaba en una plaza presidida por la Fuente de los Tritones, separada del Camino Real por un muro. El nuevo jardín barroco se concibió como un espacio de transición y como un mirador privilegiado sobre el Tajo, desde el que contemplar la confluencia de este río con el Jarama.
Felipe V
Nació en Versalles el 19 de diciembre de 1683. Nieto de Luis XIV y de la infanta María Teresa de España, hija mayor de Felipe IV, ascendió al trono español tras la muerte de Carlos II, quien le designó como su sucesor en su último testamento del 3 de octubre de 1700. Su reinado se desarrolló en dos etapas, desde noviembre de 1700 hasta enero de 1724, y desde septiembre del mismo año hasta su muerte, el 9 de julio de 1746.
En 1715 ordenó a Pedro Caro Idrogo la conclusión del palacio de Aranjuez, cuyas obras llevaban paralizadas desde tiempos de Felipe II. Idrogo duplicó el cuerpo del viejo palacio, levantando las crujías este y norte entre 1715 y 1732; posteriormente, Santiago Bonavia finalizó el cuerpo principal, construyendo el cuadrante noroccidental en 1744. Asimismo, se realizaron intervenciones en el Jardín de la Isla y se construyó el Jardín del Parterre situado en la fachada este del palacio, diseñado por Etienne Marchand y ejecutado entre 1727 y 1735, el cual aunaba la forma del parterre a la francesa y la tradición española del jardín cerrado.
Marchand, Étienne
De nacimiento y formación franceses, vino a España durante la Guerra de Sucesión o inmediatamente. En 1718 era ingeniero ayudante e ingeniero extraordinario, promovido entonces a subteniente. Estaba ya destinado en Aranjuez en julio de 1727, ayudado por Méndez de Rao, y trabajando en las obras de la isleta, del parterre y de un nuevo puente. Murió en aquel sitio, "el mayor laberinto de embustes que he conocido en mi vida", durante la primera semana de noviembre de 1733. Marchand fue el primer maestro de Ventura Rodríguez, a quien empleó como dibujante. La relevancia del Cuerpo de Ingenieros militares en las obras reales durante el segundo período del reinado de Felipe V ha sido destacada por Bottineau.
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El jardín de la Isleta fue creado por orden de Felipe V e Isabel de Farnesio entre 1731 y 1737, durante la segunda parte de su reinado, tras la muerte de Luis I y la consiguiente vuelta del Rey Padre al trono. René Carlier ya había dejado el jardín de La Granja completamente creado, y Étienne Marchand había empezado a ensancharlo hacia el sur. La atención de los reyes había tenido que empezar a dispersarse por los demás Sitios Reales, pues ya no iban a poder retirarse a San Ildefonso. Por tanto, es lógico que comenzasen a poner al día los jardines de Aranjuez de acuerdo con el mismo gusto que habían aplicado en Segovia. De este modo surgen en Aranjuez, a uno y otro extremo de la ya secular ordenación de la Isla, dos nuevos jardines, el Parterre de Palacio y la Isleta. Concebidos inmediatamente antes del viaje regio por Andalucía, su ejecución comienza precisamente durante la ausencia de los soberanos para que éstos puedan disfrutarlos a su vuelta, de modo que Felipe V encontrase también en Aranjuez unos trazados a la manera francesa.
Al igual que el de Palacio, el proyecto de este parterre de la isleta se debe a Esteban Marchand y data de 1731, iniciándose inmediatamente, pero con muy poco adelanto hasta 1733, cuando se replanteó el trazado. Las obras avanzaron durante 1735-1737, ya muerto Marchand, dirigidas por Leandro Bachelieu. La estabilidad del murallón, que había de soportar la embestida del Tajo, empezó a dar problemas inmediatamente, precisando reparaciones en 1737 y 1749. En 1743-1744 Santiago Bonavía emprendió seriamente la reedificación de los muros de la isleta, haciendo nuevamente parte de la cimentación. Posteriormente, en 1753 se construyó una barandilla que limitaba el jardín, sustituida por la actual en 1845, y que demarcaba el mirador sobre el Tajo y las huertas.
El parterre de la isleta se animaba con siete estanques donde el agua fue desde muy pronto un problema. El más grande de estos estanques era el situado al extremo donde en 1759 colocó Bonavía la fuente de los Tritones que anteriormente, en 1751, había mudado levemente dentro de la plazoleta donde la colocó Felipe IV para que estuviese en el eje del parterre de la isleta. También en 1759 reparó Bonavía otra ruina sufrida por el murallón
El trazado de la Isleta presenta concomitancias con algunas zonas de San Ildefonso: la sucesión de gabinetes verdes que desemboca en un gran espacio abierto, ante un parterre, donde campea un gran estanque –ovalado en La Granja, circular en Aranjuez– recuerda a la Fama, si la recorremos desde la puerta de los Baños de Diana. Pero, sobre todo, el efecto de un mirador curvo, rodeado de agua y que a su vez tiene una fuente en medio, recuerda al punto más alto de la “carrera de caballos” segoviana, allí donde se forma una terraza sobre la media luna y la ría. Lo que en San Ildefonso es una perspectiva ascendente se convierte en Aranjuez en un suave panorama de ríos que confluyen, praderas apenas onduladas y calles de árboles que ordenan un paisaje muy horizontal, limitado a lo lejos por áridas colinas. Este paisaje, quizá el más cercano al ideal clasicista que Felipe V e Isabel de Farnesio podían disfrutar en sus habituales residencias de los Reales Sitios, era lo que apreciaban como cosa especial en la Isleta de Aranjuez, cuyo sentido es el de un jardín-mirador sobre una naturaleza y sonriente ordenada por el hombre. En La Granja se ha conservado el trazado del jardín y el paisaje montañoso; en Aranjuez el área del jardín existe y su trazado es recuperable; la responsabilidad sobre el tratamiento del paisaje corresponde a otras entidades.