Templete Chinesco
El Templete original diseñado por Juan de Villanueva hacia 1791 fue dañado durante la invasión francesa. Isidro González Velázquez se encargó de su reconstrucción realizando una reinterpretación cercana a un quiosco turco, donde mezcla diversas inspiraciones con un resultado ecléctico. Presenta planta octogonal, con cuatro ventanas, cuatro puertas y una cubierta a ocho aguas rematada con una linterna.
Carlos IV
Nació en Portici (Italia) el 11 de noviembre de 1748. Séptimo de los trece hijos de Carlos III y de María Amalia de Sajonia, durante su etapa como heredero al trono, el Príncipe Carlos llevó una vida rutinaria y relativamente sencilla. Gran amante de las artes y de la música fue un ávido coleccionista de relojes, cuadros, escultura y todo tipo de muebles, destinados a decorar alguno de los palacetes de recreo o Casitas que construyó. Desde 1772 y hasta el final de su reinado, Carlos IV fomentó la construcción en Aranjuez del Jardín del Príncipe, un jardín de recreo dotado de fuentes, pabellones y un palacete, la Casa del Labrador. Construida por Villanueva entre 1791 y 1803 en dos fases, su lujosa decoración interior supone el máximo exponente del neoclasicismo español. También intervino en el Palacio principal, con el traslado de los jarrones de Fremin y Thierry desde La Granja hasta el Jardín del Parterre en 1794. Tras su abdicación en 1808, Carlos IV se exilió a Italia, falleciendo en Nápoles el 19 de enero de 1819, mientras se encontraba visitando a su hermano Fernando, Rey de las Dos Sicilias.
González Velázquez, Isidro
Nació en Madrid el 15 de mayo de 1765. Miembro de una familia de pintores adscritos a la corte, el joven Isidro sintió mayor predilección por la arquitectura, entrando a formar parte del equipo de Juan de Villanueva en calidad de ayudante en 1778. Bajo su tutela, colaboró en la delineación de las obras del Jardín del Príncipe y de la Casa del Labrador en 1798, para la que realizó la decoración exterior en 1803. Nombrado arquitecto mayor de Palacio en 1814, durante el reinado de Fernando VII realizó diversos trabajos en el Aranjuez, donde instaló la Fuente de Hércules y Anteo en 1827, y más notoriamente en el Jardín del Príncipe, donde restauró las fuentes del parque, reconstruyó el templete chinesco en 1826, reedificó el Puente de Barcas e instaló la columnata que flanquea a la Fuente de Apolo en 1828. Jubilado en 1835, falleció en Madrid el 7 de diciembre de 1840.
Villanueva, Juan de
Nació en Madrid el 15 de septiembre de 1739. En 1758 fue nombrado delineador en la obra del Palacio nuevo de Madrid; tres años después de volver de Italia, en 1768, arquitecto del Real Monasterio de San Lorenzo y al año siguiente, del común del mismo Real Sitio. El 13 de enero de 1777 fue nombrado oficialmente arquitecto del Príncipe e Infantes, para quien ya había realizado algunas importantes obras en El Escorial. A finales de 1780 era teniente de Juan Esteban en el Real Sitio de El Retiro, y al fallecer aquel al año siguiente recibió el nombramiento de arquitecto de ese Sitio y de el de San Lorenzo. Al acceder al trono Carlos IV se le encargaron otras en San Ildefonso y Madrid. A la muerte de Sabatini en 1797 ocupó todos los cargos y sueldos que aquel tenía en las obras reales, recibiendo además el título de arquitecto mayor como lo tuvo Sacchetti; José Bonaparte le confirmó en su puesto el 11 de abril de 1809. Falleció el 22 de agosto de 1811 en Madrid. Su principal obra en Aranjuez fue la construcción de la Casa del Labrador entre 1791 y 1803.
Más información
El templete chinesco en el estanque de los peces, dentro del jardín del Príncipe de Aranjuez, fue construido hacia 1791 por Juan de Villanueva. Los documentos sobre su construcción, como los referentes a toda la del jardín del Príncipe, son escasísimos. Tan sólo una cuenta de colores (blanco, rojo y dorado) nos confirma la policromía del templete según lo describa Álvarez de Quindós en 1804:
“Desde la gruta e isla pasa un puente a flor de agua para comunicarse con un bellísimo pabellón chinesco que sirve de entrada. Su figura es ochavada con quatro puertas, e igual número de ventanas en sus paramentos. Tiene dos cuerpos, y remata cerrado en forma de capitel o espadaña, sobre el qual se eleva una aguja con cinco cofas en disminución, adornadas con colgantes y festones graciosos, y una gran bola dorada por remate que pasa la aguja. Los paramentos son de grecas chinescas caladas de dibuxos diferentes, de modo, que de fuera se goza lo interior, y en las cornisas colgantes de otras grecas con campanillas de metal, puestas en forma que las pueda con facilidad mover al ayre. Delante, y un trecho separado, está la entrada en todo correspondiente con mucha cantidad de campanillas en el arquitrabe y frontis. El espacio que circunda el cenador esta empradizado, y cercado con antepecho baxo. Todo es de madera bellamente labrada, y pintada de blanco, encarnado, y filetes dorados. El pavimento de jaspes primorosamente dispuesto, y en el medio una mesa de la misma materia. Los ángulos se adornan con tiestos de china y hermosas flores. En la misma laguna anda una falúa, también chinesca, en figura de un dragón de dos cabezas.”
Los documentos gráficos más antiguos sobre el templete son los dos bordados de la época de Carlos IV en la saleta de la Reina de la Real Casa del Labrador, donde el edículo aparece representado con líneas más ligeras, y con una silueta más cercana a las pagodas que le servían de modelo: un tejadillo o alero bordea todo el perímetro octogonal del primer cuerpo, y sobre él se eleva otro cuerpo de ocho lados coronado por una cubierta puntiaguda. Las líneas fundamentales de esta simple estructura están tratadas con vigor, mientras entre ellas le da ligereza y gracia las celosías. Su sencilla red de rombos sólo se anima con los arcos mixtilíneos de entrada, cuya línea resulta próxima al rococó, y con el motivo de los círculos entrelazados, que aparece en el "friso" inferior del segundo cuerpo y en los espacios cuadrados de este que vienen encima de las entradas. Este motivo aparece también en el antepecho del puente llano que pasaba a la isleta del obelisco.
Dado que la colgadura es fiel en todos los detalles que han llegado hasta nosotros, y puesto que consta que sufrió daños en la guerra con los franceses y que fue objeto de una considerable reparación por Isidro González VeIázquez, es obvio que el templete de Villanueva es el descrito por Quindós y reflejado con todo detalle en la colgadura bordada y que el actual es obra enteramente de Isidro G. Velázquez representado por Brambilla en su Vista del estanque de los peces. Puesto que la descripción de Quindós se refiere al de Villanueva, este cuadro es el único documento fidedigno para devolver al templete chinesco su color original, pues el que actualmente tiene deriva del aplicado en la restauración ordenada por Amadeo de Saboya hacia 1870 en los tonos oscuros propios del gusto decimonónico.
Todo el templete de Villanueva, como el que le sustituyó de su discípulo, pueden considerarse, dadas sus fechas, la obra maestra en España de este género de obra exótica en un jardín paisajista del período neoclásico. Hay que subrayar la relativa mayor fidelidad a sus modelos "chinescos" de Villanueva que, de González Velázquez, quien realiza más bien un quiosco turco, mezclando elementos de diversa inspiración en un resultado ecléctico como los que el mismo arquitecto realizó en sus arquitecturas de jardín para el Real Sitio de El Buen Retiro, entre ellos el embarcadero--donde emplea también arcos apuntados--o el "estanque cenador chinesco", de aspecto tan bizarro que más bien parece tártaro. En Aranjuez, don Isidro debió respetar el colorido "chino" de su maestro, de tal modo que contrastando el Brambilla con el templete actual resulta bastante claro que partes eran rojas y cuales doradas, mientras la mayor parte del edículo está pintado en un color que a primera vista parece el blanco mencionado por Quindós. Una comparación más atenta de ese pigmento con los blancos reflejados por Brambilla en el mismo lienzo--capiteles, jarrones y remate del templete monóptero--revelan que en realidad se trata de un verde muy claro, propio de una obra "chinesca". Probablemente este juicioso empleo del color no obedezca a su inventiva, sino a copiar el colorido de Villanueva tal vez descrito por Quindós, como blanco como definición más cercana de este verde suavísimo. En el Brambilla no aparecen ya ni la portada, ni el puente, ni las barandillas en torno al islote descritos por Quindós (representadas en la sedería estos dos últimos elementos), ni tampoco las barandillas que aparecen en fotos de mediados del siglo XIX y que debieron añadirse en la restauración de 1844 citada por López y Malta. Entonces fueron eliminadas seguramente las celosías o rejas de madera que Brambilla representa en las ventanas, y también, según López y Malta, "alguno de sus antiguos adornos, entre ellos unos trozos de grecas que pendían de las cornisas con infinidad de campanillas de metal que hacían muy buen efecto al mecerse a impulso de la brisa". Pero, puesto que esto no aparece en el Brambilla, puede pensarse que este autor no hable a partir de otra fuente que el Quindós, quien se refiere al templete de Villanueva, único de los dos que habría tenido campanillas. La balaustrada, que suponemos sea de 1844 es contemporánea de la puertecita subsistente, y sus formas imitan el friso sobre los ventanales
Antes Fotografía del estanque chinesco con el templete chino y la rotonda reflejados, en otoño.
Después Estanque de los Chinescos, Jardín del Príncipe, Aranjuez, 2023. Patrimonio Nacional.