Real Casa del Labrador
En los jardines paisajistas del siglo XVIII que habitual la construcción de pabellones de apariencia rústica, en armonía con el entorno natural, que ocultaban interiores de gran riqueza decorativa. Siguiendo los modelos creados en El Escorial y El Pardo, Carlos IV promovió en Aranjuez la Real Casa del Labrador, concebida como una casa de campo de aspecto sencillo y refinado interior. Iniciada en 1794 según proyecto de Juan de Villanueva, fue concluida en 1803, cuando Isidro González Velázquez transformó sus fachadas, eliminando cualquier rastro de la rusticidad original.
Carlos IV
Nació en Portici (Italia) el 11 de noviembre de 1748. Séptimo de los trece hijos de Carlos III y de María Amalia de Sajonia, durante su etapa como heredero al trono, el Príncipe Carlos llevó una vida rutinaria y relativamente sencilla. Gran amante de las artes y de la música fue un ávido coleccionista de relojes, cuadros, escultura y todo tipo de muebles, destinados a decorar alguno de los palacetes de recreo o Casitas que construyó. Desde 1772 y hasta el final de su reinado, Carlos IV fomentó la construcción en Aranjuez del Jardín del Príncipe, un jardín de recreo dotado de fuentes, pabellones y un palacete, la Casa del Labrador. Construida por Villanueva entre 1791 y 1803 en dos fases, su lujosa decoración interior supone el máximo exponente del neoclasicismo español. También intervino en el Palacio principal, con el traslado de los jarrones de Fremin y Thierry desde La Granja hasta el Jardín del Parterre en 1794. Tras su abdicación en 1808, Carlos IV se exilió a Italia, falleciendo en Nápoles el 19 de enero de 1819, mientras se encontraba visitando a su hermano Fernando, Rey de las Dos Sicilias.
González Velázquez, Isidro
Nació en Madrid el 15 de mayo de 1765. Miembro de una familia de pintores adscritos a la corte, el joven Isidro sintió mayor predilección por la arquitectura, entrando a formar parte del equipo de Juan de Villanueva en calidad de ayudante en 1778. Bajo su tutela, colaboró en la delineación de las obras del Jardín del Príncipe y de la Casa del Labrador en 1798, para la que realizó la decoración exterior en 1803. Nombrado arquitecto mayor de Palacio en 1814, durante el reinado de Fernando VII realizó diversos trabajos en el Aranjuez, donde instaló la Fuente de Hércules y Anteo en 1827, y más notoriamente en el Jardín del Príncipe, donde restauró las fuentes del parque, reconstruyó el templete chinesco en 1826, reedificó el Puente de Barcas e instaló la columnata que flanquea a la Fuente de Apolo en 1828. Jubilado en 1835, falleció en Madrid el 7 de diciembre de 1840.
Villanueva, Juan de
Nació en Madrid el 15 de septiembre de 1739. En 1758 fue nombrado delineador en la obra del Palacio nuevo de Madrid; tres años después de volver de Italia, en 1768, arquitecto del Real Monasterio de San Lorenzo y al año siguiente, del común del mismo Real Sitio. El 13 de enero de 1777 fue nombrado oficialmente arquitecto del Príncipe e Infantes, para quien ya había realizado algunas importantes obras en El Escorial. A finales de 1780 era teniente de Juan Esteban en el Real Sitio de El Retiro, y al fallecer aquel al año siguiente recibió el nombramiento de arquitecto de ese Sitio y de el de San Lorenzo. Al acceder al trono Carlos IV se le encargaron otras en San Ildefonso y Madrid. A la muerte de Sabatini en 1797 ocupó todos los cargos y sueldos que aquel tenía en las obras reales, recibiendo además el título de arquitecto mayor como lo tuvo Sacchetti; José Bonaparte le confirmó en su puesto el 11 de abril de 1809. Falleció el 22 de agosto de 1811 en Madrid. Su principal obra en Aranjuez fue la construcción de la Casa del Labrador entre 1791 y 1803.
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Al igual que en otros Reales Sitios, Carlos IV hizo construir un palacete de recreo en el Jardín del Príncipe, cuyo diseño corrió a cargo de Juan de Villanueva y sus ayudantes, Isidro González Velázquez y Antonio López Aguado. Inicialmente, la Casa del Labrador fue diseñada como un simple edificio de ladrillo sin decoración exterior, pero entre 1799 y 1803 fue ampliada con dos alas hacia el sur, formando así un patio cerrado por una verja de hierro. Durante esta reforma también se dotó al edificio de una mayor decoración arquitectónica, compuesta por añadidos de escayola sobre la fábrica de ladrillo, hornacinas con esculturas y guirnaldas de flores con “putti” en el piso del ático. Durante la última restauración, se ha devuelto en lo posible la armonía cromática de las fachadas originales, tal y como aparece en la vista que Brambilla pintó hacia 1826. En el interior del palacete se encuentra una vista bordada que nos muestra el ajardinamiento original del entorno de la Casa, caracterizado por la presencia de huertos y de una ría al frente del edificio, terraplenada durante el reinado de Fernando VII como se puede ver en el citado oleo de Brambilla.
Fernando Brambilla - Vista de la Casa del Labrador
En 1804 Quindós seguía describiendo así la Casa del Labrador, aún en obras: "Por lo exterior forma la fachada principal la más preciosa vista, compuesta de su centro y dos alas, que se unen con barandilla [sic] de hierro, quedando en el medio un patio cuadrado: las ventanas con bellos arquitrabes y linteles de escayola; y en los recuadros altos, colgantes de flores delicadamente hechos de la misma materia: en las hornacinas entre las ventanas se han de colocar estatuas de mármol de falsos dioses..." Todo este ornato exterior, diseñado al parecer por Isidro González Velázquez, quedó terminado en 1803, un año antes de redactar Quindós esta descripción. Los veinticinco años transcurridos no han alterado los revocos que en la planta baja imitan el granito, y en la alta los elementos que figuran mantener la estructura son de un ocre amarillento, y los recuadros rehundidos de un gris plúmbeo claro, como en el diseño de don Isidro. El tejado es de plomo y las carpinterías de caoba. Lo que ha variado es el entorno, pues en se terraplenó el antiguo cauce del Tajo que pasaba ante la casa y formaba una ría atravesada por tres puentes, aún descrita por Aleas en 1824, y en su lugar se formó la media luna aquí representada, enarenada al igual que el paseo arbolado que la circunda. Entre los paseantes llama la atención la elegancia y número de las señoras; sólo hay tres guardias reales: un coracero, y otro de infantería de línea, en el extremo izquierdo; y, en medio de la explanada, un zapador.
Los reyes llegan en carruaje cerrado a pasar la mañana, y las ventanas que dan al oeste permanecen abiertas para refrescar las salas.
Antes Fotografía de la fachada de la Casa del Labrador con césped y setos recortados.
Después Real Casa del Labrador, 2026. Patrimonio Nacional.