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Isla del Ermitaño y Compuertas

Adivinanzas Agua

En una de las islas generadas por el trazado de la Ría artificial del Jardín del Príncipe, Carlos IV mandó construir una pequeña edificación conocida como la Casa o Isla del Ermitaño. Se trataba de un capricho propio de los jardines paisajistas de finales del siglo XVIII, en los que la figura del ermitaño y las construcciones de apariencia humilde evocaban la vida retirada y la contemplación de la naturaleza. La choza presentaba un aspecto exterior deliberadamente rústico, en contraste con el refinamiento de su interior, organizado en dos estancias pavimentadas con mosaicos de inspiración romana.

Este juego de contrastes entre sencillez exterior y riqueza interior responde a un lenguaje paisajístico y simbólico ampliamente difundido en la jardinería europea del momento. El pavimento, realizado con materiales procedentes de ruinas romanas de Sepúlveda, reforzaba el carácter evocador y arqueológico del conjunto, integrando referencias al pasado clásico dentro de un escenario natural cuidadosamente construido.

Un pequeño puente, alineado con la casa, facilitaba el acceso y subrayaba el protagonismo del agua como elemento articulador del espacio. Del mismo modo, las compuertas de madera que regulan actualmente el caudal de agua de la Ría, ornamentan y permiten el desarrollo de la técnica del sistema de riego tradicional mediante canales.

La edificación resultó dañada durante la invasión francesa de comienzos del siglo XIX y había desaparecido ya en el reinado de Isabel II. No obstante, su aspecto quedó documentado en una pintura realizada hacia 1830 por Fernando Brambilla, que constituye un valioso testimonio de este singular episodio del jardín.

Más allá de su función ornamental, la Isla del Ermitaño destaca por su cuidada composición paisajística y por la carga alegórica asociada a la gestión del agua. Este enclave resume así el espíritu del Jardín del Príncipe como espacio de experimentación estética, simbólica y técnica, donde naturaleza y artificio se integran en un discurso paisajístico complejo y refinado.